Ecoansiedad: qué es, por qué aparece y cómo convivir con ella

Ecoansiedad: qué es, por qué aparece y cómo convivir con ella

Hay personas que dejan de leer las noticias porque sienten que ya no pueden más. Otras se descubren pensando constantemente en incendios, sequías, inundaciones o en el mundo que heredarán las generaciones futuras. Algunas sienten culpa cada vez que viajan en avión. Otras experimentan una mezcla difícil de explicar entre tristeza, rabia e impotencia.

En algunas personas aparece de forma puntual. En otras termina ocupando demasiado espacio.

Si alguna vez te has reconocido en algo de esto, es posible que estés experimentando ecoansiedad.

¿Qué es la ecoansiedad?

La Asociación Americana de Psicología (APA) define la ecoansiedad como el miedo o la preocupación persistente relacionados con el deterioro medioambiental y sus posibles consecuencias para el futuro.

No aparece recogida como un diagnóstico en los principales manuales de psiquiatría, y esto es importante porque poner nombre a una experiencia no significa convertirla en un proceso patológico.

De hecho, quizá resultaría más llamativo que una amenaza que afecta al planeta entero no despertara ninguna reacción emocional.

¿Qué dice la ciencia sobre la ecoansiedad?

En los últimos años la investigación sobre este tema ha crecido mucho.

Una revisión sistemática publicada en BMC Psychiatry en 2024 —que reunió los resultados de 35 estudios con 45.667 participantes— encontró una asociación consistente entre la ecoansiedad y mayores niveles de ansiedad, síntomas depresivos, estrés percibido y malestar psicológico. Los efectos fueron especialmente frecuentes en personas jóvenes y, en la mayoría de estudios, también en mujeres.

Lo que probablemente nos está diciendo esta investigación es que convivir durante años con una amenaza global, incierta y difícil de controlar puede afectar a nuestra salud mental.

Si te interesa entender por qué el estrés sostenido afecta tanto a nuestro organismo, puede ayudarte leer "Estrés: qué es realmente y por qué no basta con gestionarlo".

Nuestro cerebro no está diseñado para amenazas que nunca terminan

Desde la neurociencia, la ecoansiedad resulta bastante comprensible.

Nuestro cerebro evolucionó para detectar peligros. Cuando interpreta que existe una amenaza, pone en marcha diferentes sistemas destinados a ayudarnos a sobrevivir: aumenta la vigilancia, dirige nuestra atención hacia aquello que considera importante y prepara al organismo para responder.

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El problema aparece cuando esa amenaza no tiene un final.

La crisis climática no funciona como un incendio del que podemos alejarnos o como un examen que termina cuando salimos del aula: está siempre ahí. Y cada semana aparecen nuevas noticias y nuevos datos.

Nuestro cerebro recibe una cantidad enorme de información sobre algo que percibe como importante, pero apenas encuentra una forma de dar por finalizada esa respuesta de alarma.

Y cuando no encuentra esa sensación de resolución, es fácil que aparezcan la rumiación, la incertidumbre o la sensación de que el sistema de alarma nunca termina de apagarse.

Cuando esta activación se mantiene durante mucho tiempo, nuestro organismo puede acabar funcionando en un estado de alerta casi permanente. Si quieres profundizar en ello, quizá te interese "Cómo saber si estás entrando en modo supervivencia (cuando tu cuerpo te pide parar)".

Síntomas de la ecoansiedad

Puede aparecer como preocupación constante por el futuro, dificultad para dejar de pensar en las noticias relacionadas con el clima, culpa por el propio impacto ambiental, tristeza al contemplar la pérdida de ecosistemas, problemas de sueño o sensación de que cuesta disfrutar del presente porque el futuro parece demasiado incierto.

También puede aparecer como una especie de saturación: dejar de mirar noticias, no porque ya no importe, sino porque tu sistema nervioso siente que no puede procesar más.

¿Qué puede ayudar?

Priorizar el autocuidado.

Dormir mejor, descansar, salir a caminar, respirar, reír o pasar tiempo con personas queridas, como siempre, es buena idea.

A veces pensamos que descansar o bajar el ritmo es "desconectar" del problema. En realidad, un sistema nervioso regulado tiene más capacidad para responder que uno agotado. En este sentido también puede ayudarte "No es falta de disciplina: es tu sistema nervioso. Cómo crear hábitos cuando estás en estrés crónico".

También puede ayudar recuperar cierta sensación de agencia.

A veces, elegir una acción concreta, pequeña y sostenida, puede aliviar en parte la sensación de impotencia.

Si optas por esto, te animo a preguntarte:

¿Estoy actuando desde la culpa o desde mis valores?

Porque no producen el mismo efecto. Desde la culpa suele resultar agotador y raramente suficiente.

¿Cuándo conviene pedir ayuda?

Como ocurre con cualquier otra forma de ansiedad, merece la pena consultar cuando el malestar empieza a interferir en la vida cotidiana.

Si la preocupación ocupa gran parte del día, si aparecen síntomas físicos persistentes, si la desesperanza empieza a instalarse o si sientes que has dejado de disfrutar de cosas importantes para ti, merece la pena pedir ayuda.

No porque sentir ecoansiedad sea una enfermedad, sino porque cualquier forma de sufrimiento merece ser comprendida.

No se trata de dejar de sentir. Se trata de que esa preocupación pueda orientarte sin ocuparlo todo.

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